Notemos que, a partir del
armónico del traste 5, que
reproduce la misma nota de la cuerda al aire, tenemos las
notas que corresponderían a
un acorde de septima (dominante)
con la fundamental de
la cuerda al aire. A partir de
este armónico, tocando el del
traste 5, después el del 4, y
luego los que quedan un poco
más adelante y un poco más
atrás del traste 3, se obtienen
las notas SOL, SI, RE, FA, es
decir, las notas que forman un
acorde G7. Esto, naturalmente,
sucede exactamente igual
en todas las cuerdas.
En la siguiente imagen podemos
ver la localización precisa
de los armónicos que
hemos comentado.
Una vez sepamos hacer sonar
correctamente estos armónicos,
que son los más habituales
y relativamente fáciles de
conseguir, debemos aprender
a dar con la mejor forma de
usarlos. Por un lado, es relativamente
fácil introducirlos en
partes en las que no está presente
el bajo en su función
habitual, como introducciones
suaves/ fragmentos con
poca instrumentación, o cualquier
otra situación en la que
no sea necesaria la presencia
de una base de bajo sólida.
En estas secciones los armónicos
pueden usarse perfectamente
con un sentido melódico,
o simplemente a modo de
efecto. Pero la situación tal
vez más delicada sucede
cuando el bajo debe estar presente
como base. En esas
situaciones, el uso de un
armónico puede desembocar
en una total pérdida de fuerza
en la base, circunstancia en
la cual será preferible no
usarlo. Sin embargo, existe
una posibilidad, que naturalmente requiere cierta destreza técnica, que consiste en
utilizarlos simultáneamente,
mientras estamos tocando una base cualquiera, o mejor
dicho, siempre que ésta nos lo permita.
Para usar los armónicos de
esta manera aparte de dominar
la técnica, serán necesarios
unos buenos conocimientos
de armonía, a fin de utilizar
las notas adecuadas en
función de los acordes que
estén sonando en ese momento.
Para ello, podemos recurrir
a algunos ejercicios sencillos.
Por ejemplo, tomaremos
el armónico SOL, que suena
sobre el traste 5 de la primera
cuerda, e intentaremos usarlo
sobre una progresión y a modo
de "adorno", siempre que la
armonía nos lo permita y
esforzándonos por mantener
una base sólida.
En la imagen siguiente vemos
una Progresión de acordes.
En tres de ellos el armónico
SOL es viable: en el acorde
Am7 SOL es la séptima
menor, en el acorde Gmaj7, el
SOL es la fundamental, y en
el último acorde, el Fmaj7, SOL es la tensión 9. En cambio,
sobre el acorde F#m7, la
nota SOL no habría funcionado
en absoluto, ya que es la
b9, una tensión que jamás lleva un acorde "m7", por
tanto, para ese acorde hemos
retrocedido el dedo un solo
traste, para encontrar el
armónico SI, tensión 11 de
F#m7, una tensión que soportan
todos los acordes "m7".
Los armónicos, al sonar en
octavas más altas que el registro
habitual del bajo, son asimiladas
por el oído de una
forma más bien melódica, y
no como parte de la base. Por
este motivo, pueden usarse
sin ningún problema las tensiones
de los acordes.
El uso
de una 9 ó una 11, que sería
algo como poco comprometido
en una línea de bajo, sobre
todo como nota de cierta
duración (prácticamente
impensable salvo alguna rara
excepción), no presenta ningún problema cuando usamos
armónicos, puesto que
éstos, en general, ni siquiera
llegan a mezclarse con la tesitura
del bajo.
Por el contrario,
el uso de estas notas aporta
riqueza armónica, y pueden
ser mucho más llamativas que
las notas del acorde.
Sobre la escritura utilizada
para los armónicos, debemos
hacer la siguiente observación:
existen dos formas de
escribirlos, y una u otra están
utilizadas por libre elección
de quien escribe. Una forma
es escribir la nota que suena
"verdaderamente" al tocar el
armónico, y otra, es escribir la
nota que sonaría en el traste
donde está ese armónico. En
todos los casos, debe agregarse
el símbolo que se puede
apreciar encima de la nota
SOL y SI de nuestro ejemplo,
para indicar que se trata de
un armónico.
Lamentablemente no existe
una forma unificada, ni ningún
signo que permita saber
si se está utilizando una u
otra nomenclatura.
El segundo sistema, requiere
un conocimiento profundo
del instrumento, ya que debe
indicarse el traste en el que
sonará la nota buscada. Este
sistema suele ser utilizado
por bajistas, o en partituras
específicas para bajo. En
cambio, si la partitura está
hecha por un compositor o
arreglista ajeno a las técnicas
concretas del bajo eléctrico, lo
más probable es que escriba
la nota que desee, indicando
mediante el símbolo que se
trata de un armónico, a fin de
que el instrumentista lo toque
en la posición que crea más
conveniente.
Los mismos armónicos pueden
sonar en diferentes sitios
del instrumento, puesto que a
partir del traste 12, hacia el
puente, se reproduce de
forma idéntica toda la gama
de armónicos que hemos
explicado. El traste 12 es el
centro exacto de la cuerda, a
partir de allí, sus características
vibratorias son iguales
hacia un lado y hacia el otro.
No olvidemos que, a fin de
cuentas, cualquier armónico
sigue siendo sólo la cuerda
al aire.
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