Los armónicos II

Notemos que, a partir del armónico del traste 5, que reproduce la misma nota de la cuerda al aire, tenemos las notas que corresponderían a un acorde de septima (dominante) con la fundamental de la cuerda al aire. A partir de este armónico, tocando el del traste 5, después el del 4, y luego los que quedan un poco más adelante y un poco más atrás del traste 3, se obtienen las notas SOL, SI, RE, FA, es decir, las notas que forman un acorde G7. Esto, naturalmente, sucede exactamente igual en todas las cuerdas. 

En la siguiente imagen podemos ver la localización precisa de los armónicos que hemos comentado. 



Una vez sepamos hacer sonar correctamente estos armónicos, que son los más habituales y relativamente fáciles de conseguir, debemos aprender a dar con la mejor forma de usarlos. Por un lado, es relativamente fácil introducirlos en partes en las que no está presente el bajo en su función habitual, como introducciones suaves/ fragmentos con poca instrumentación, o cualquier otra situación en la que no sea necesaria la presencia de una base de bajo sólida. 
En estas secciones los armónicos pueden usarse perfectamente con un sentido melódico, o simplemente a modo de efecto. Pero la situación tal vez más delicada sucede cuando el bajo debe estar presente como base. En esas situaciones, el uso de un armónico puede desembocar en una total pérdida de fuerza en la base, circunstancia en la cual será preferible no usarlo. Sin embargo, existe una posibilidad, que naturalmente requiere cierta destreza técnica, que consiste en utilizarlos simultáneamente, mientras estamos tocando una base cualquiera, o mejor dicho, siempre que ésta nos lo permita. 

Para usar los armónicos de esta manera aparte de dominar la técnica, serán necesarios unos buenos conocimientos de armonía, a fin de utilizar las notas adecuadas en función de los acordes que estén sonando en ese momento. 
Para ello, podemos recurrir a algunos ejercicios sencillos. Por ejemplo, tomaremos el armónico SOL, que suena sobre el traste 5 de la primera cuerda, e intentaremos usarlo sobre una progresión y a modo de "adorno", siempre que la armonía nos lo permita y esforzándonos por mantener una base sólida. 

En la imagen siguiente vemos una Progresión de acordes. En tres de ellos el armónico SOL es viable: en el acorde Am7 SOL es la séptima menor, en el acorde Gmaj7, el SOL es la fundamental, y en el último acorde, el Fmaj7, SOL es la tensión 9. En cambio, sobre el acorde F#m7, la nota SOL no habría funcionado en absoluto, ya que es la b9, una tensión que jamás lleva un acorde "m7", por tanto, para ese acorde hemos retrocedido el dedo un solo traste, para encontrar el armónico SI, tensión 11 de F#m7, una tensión que soportan todos los acordes "m7". 
Los armónicos, al sonar en octavas más altas que el registro habitual del bajo, son asimiladas por el oído de una forma más bien melódica, y no como parte de la base. Por este motivo, pueden usarse sin ningún problema las tensiones de los acordes. 

El uso de una 9 ó una 11, que sería algo como poco comprometido en una línea de bajo, sobre todo como nota de cierta duración (prácticamente impensable salvo alguna rara excepción), no presenta ningún problema cuando usamos armónicos, puesto que éstos, en general, ni siquiera llegan a mezclarse con la tesitura del bajo. 
Por el contrario, el uso de estas notas aporta riqueza armónica, y pueden ser mucho más llamativas que las notas del acorde. 

Sobre la escritura utilizada para los armónicos, debemos hacer la siguiente observación: existen dos formas de escribirlos, y una u otra están utilizadas por libre elección de quien escribe. Una forma es escribir la nota que suena "verdaderamente" al tocar el armónico, y otra, es escribir la nota que sonaría en el traste donde está ese armónico. En todos los casos, debe agregarse el símbolo que se puede apreciar encima de la nota SOL y SI de nuestro ejemplo, para indicar que se trata de un armónico. 
Lamentablemente no existe una forma unificada, ni ningún signo que permita saber si se está utilizando una u otra nomenclatura. 

El segundo sistema, requiere un conocimiento profundo del instrumento, ya que debe indicarse el traste en el que sonará la nota buscada. Este sistema suele ser utilizado por bajistas, o en partituras específicas para bajo. En cambio, si la partitura está hecha por un compositor o arreglista ajeno a las técnicas concretas del bajo eléctrico, lo más probable es que escriba la nota que desee, indicando mediante el símbolo que se trata de un armónico, a fin de que el instrumentista lo toque en la posición que crea más conveniente. 

Los mismos armónicos pueden sonar en diferentes sitios del instrumento, puesto que a partir del traste 12, hacia el puente, se reproduce de forma idéntica toda la gama de armónicos que hemos explicado. El traste 12 es el centro exacto de la cuerda, a partir de allí, sus características vibratorias son iguales hacia un lado y hacia el otro. No olvidemos que, a fin de cuentas, cualquier armónico sigue siendo sólo la cuerda al aire.


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